Antes de que a algunos os empiecen a “sangrar” los ojos, el título está bien escrito. Porque no se trata de la forma
en que se propagan a través del espacio los campos eléctricos y magnéticos, chupaos esa los de letras; sino de esa
tira de cuero que se empleaba para lanzar piedras más lejos, chupaos esa los milenials, generaciones Z, X, y
siguientes, que no habéis jugado con una. Y si quieres ver la explicación, vas a tener que seguir leyendo.
Seamos sinceros: que levante la mano quien no haya empezado enero marcándose algún propósito para 2026. O
quien no haya recibido ya uno (o varios) emails, nius, o publicaciones varias en redes, con los “consejos” para
cumplir tus objetivos este año. Y puede ser completar tu primer 10k, media, maratón o trail; mejorar tu marca
personal en alguna distancia, o, y no es excluyente con los anteriores, alguno de los propósitos incluidos en “el
santo grial” de las listas de propósitos:
1. Hacer deporte. Los que me leéis no tachéis muy rápido éste. Aunque os hayáis apuntado al club, no
convalida como objetivo cumplido venir 2 días, como con el gimnasio. Y para las series, las de Netflix
tampoco sirven.
2. Dejar de fumar. Este ya lo tengo conseguido. No he fumado nunca. Y no voy a empezar para luego
dejarlo.
3. Adelgazar. Tras haber comido en las Navidades cual si no hubiera un mañana, más lo que traíamos ya
acumulado desde el final de la “operación bikini” en verano, con la consabida: “total, por un día más”,
algunos tenemos nuestro peso ideal igual de lejos que Saturno.
4. Leer más. WhatsApp, Instagram y Telegram no cuentan.
5. Organizar mi vida. Estamos en ello. Nota mental: empezar con la colección de camisetas de carreras.
6. Gastar menos en cosas superfluas. “Cariño, de verdad que necesito un par nuevo de zapas de asfalto,
unas rápidas para hacer marca para el cajón de la SanSil. Y otro de trail para terrenos técnicos”. “No, las
otras 10 que ya tengo no sirven para eso”.
7. Comer sano. La rúcula encima de la pizza no cuenta como ensalada, siento deciros. Y aquí Cris lo miso te
puede echar una mano.
8. Aprender un idioma. Nivel 81 de italiano en Duolingo y sigo sin poder decir nada más que “Il bambino
mangia una mela”. Vamos bien, sin perder la motivación.
9. Dormir más. Aquí la edad juega en contra, pero imprescindible para alcanzar cualquier reto deportivo. Y
quedarse dormido en el sofá hasta las 3 viendo tu serie favorita, creo que tampoco contabiliza como
“sueño reparador”. La siesta sí.
10. Llamar más a mi madre (o padre). Menos mal que ellos nos quieren igual, y ya si eso son ellos los que nos
van llamando.
Trabajar menos, pasar más tiempo con mi pareja (o encontrarla)…, rellenad con las que os parezcan.
¿Perfecto, no? Pues respirad hondo, porque las estadísticas son demoledoras cuando analizan el grado de
personas que mantienen su objetivo a medida que avanzamos en el futuro:
Después de 1 semana: 73% – 77%. Vamos bien. Sólo hemos dejado a 2 de cada 10 por el camino.
Después de 1 mes: 25% – 64%. Según el objetivo, tu grupo de entrenamiento cada día es más “tu pareja” de
entrenamiento. Y el cajón de las camisetas sigue hecho un desastre. Y de lo de encontrar pareja, reconoce que
miras a tu compi de entrenos con otros ojos, malandrín.
Después de 6 meses:14% – 46%. Ya ni respondes a los WhatsApp del equipo. Y tu media de horas dormidas, en
menos de 5 al día, pero no pasa nada porque: “ya recuperaré sueño en las vacaciones”
Al final del año: 8% – 19%. Vamos a ir preparando la lista del año que viene. Total, por un día más.
Y si esto es así, ¿por qué seguimos, año tras año? Supongo que estas listas nos ayudan a no desistir en el empeño
de convertirnos en una versión “mejorada” de nosotros mismos.
¿Ya está entonces? ¿Abandonamos el objetivo de sub48 para el 10k, o sub1h45 para la media? Si, soy Master C y
consciente de mis limitaciones, ¿qué pasa?
No, mis pequeñas cabras montesas. Seguid leyendo, que aunque lo mismo me está quedando un poco largo,
computa para el objetivo de leer más.
Muchos de los que ya tenemos cierta edad (Master C te digo, busca en Google), recordamos el año 1982 no por
ser el del mundial de fútbol de Naranjito, sino porque, en la primera cadena de RTVE, se estrenó la serie
“COSMOS: Un viaje personal” (“COSMOS: A personal voyage”), escrita y presentada por Carl Sagan.
¿Qué quién era Carl Sagan? Ya estás tardando en buscar en la Wikipedia. O en YouTube alguno de los episodios
de la serie. No me hagas levantarme y tener que darte una colleja.
Venga, te voy dando un adelanto: Carl Sagan fue uno de los impulsores y protagonistas más relevantes en que
viese la luz una de las misiones espaciales más fascinantes en las que la humanidad se ha embarcado hasta la
fecha: el programa Voyager.
Todo empezó cuando se descubrió que, a finales del siglo XX, los cuatro planetas gigantes del Sistema Solar
(Júpiter, Saturno, Urano y Neptuno) se alinearían, algo que ocurre solo una vez cada 175 años. Y se planteó algo
inimaginable hasta entonces: ¿y si pudiéramos “visitarlos”?
Pero ¿cómo conseguir, con ordenadores miles de veces menos potentes que los actuales, y con la tecnología de
los años 70 del siglo pasado, tamaña hazaña?
Y aquí es donde empieza la “magia” de las “hondas”.
Si lanzas con el brazo una piedra, ésta llegará tan lejos como te permita tu fuerza y habilidad. Pero si sabes usar
una honda, giras, acumulas energía, y la piedra saldrá despedida muchísimo más lejos con el mismo esfuerzo por
tu parte. Que se lo digan a Goliat.
Pues en astrofísica ocurre algo parecido, pero la honda no es una cuerda y el lanzador no es una persona: es un
planeta entero, moviéndose alrededor del Sol. Y la cuerda es la gravedad. Así, cuando una nave se acerca a un
planeta, es atraída por su gravedad, cayendo hacia él. Pero, si los cálculos son exactos, no llega a caer del todo,
sino que describe un arco alrededor del planeta y se marcha en otra dirección. Y lo mejor ocurre con la energía: la
nave sale del encuentro viajando más rápido de lo que llegó, impulsada hacia su siguiente destino.
Y sin gastar más combustible. Ahí radicó la genialidad de la propuesta de la misión Voyager: no hacía falta todo el
combustible necesario para hacer todo el recorrido. Bastaba apenas un poco más del necesario para llegar al
primer “impulsor”.
Apasionante, pensaréis algunos, soltando un bostezo que asusta hasta a vuestras mascotas. Y a mí, ¿qué?
Pues que con los seres humanos pasa igual: si te acercas a los adecuados, sales reforzado de ese encuentro, y
puedes lograr metas que escapan de tu imaginación. Y te lo dice alguien que, con ya más de 50, ha pasado de
correr, y no muy rápido, 10k en asfalto, a hacer ultramaratones de montaña en menos de 5 años.
Es una lección de humildad, y de inteligencia: a veces basta con saber acompañar en su “movimiento” a los
gigantes que nos rodean. Buscar “cómplices” para lograr nuestros objetivos y propósitos. Y si eliges a los
adecuados, ellos te impulsarán mucho más allá de cualquier cosa que puedas imaginar. Y en este club, tienes
dónde elegir. Que no te asusten sus marcas, las distancias que recorren, sus tiempos, o los años que llevan en
esto.
La Voyager 1 despegó en 1977 con una modesta misión: visitar Júpiter y Saturno, enviar unas fotos, y desaparecer
en silencio en lo profundo del espacio, en un proyecto pensado para durar cinco años.
Han pasado casi cincuenta.
Lleva a bordo apenas 69 kilobytes de memoria (tu reloj de carrera tiene infinitamente más capacidad), y un
grabador de cinta de ocho pistas. Y sigue ahí fuera, avanzando, resistiendo. Enviándonos datos más allá de la
heliosfera, la frontera invisible que separa nuestro sistema solar del espacio interestelar, a más de 24.000
millones de kilómetros de nosotros.
Y ese susurro que envía, que tarda más de 22 horas en llegar a nosotros, nos recuerda algo importante: no
siempre hace falta lo último, lo más potente, lo más nuevo para lograr (y pulverizar) nuestros objetivos.
Así que tú déjate atraer por la “fuerza de la gravedad” del club, y la “honda” hará el resto.
Gracias a Wikipedia, Gemini y Marcos Arranz por haberme aportado los datos y la inspiración. Y a todos mis
compañeros de aventuras, mis “hondas”, que me han impulsado a retos y lugares que nunca soñé conquistar.
Ellos, y ellas, saben quiénes son.
Y a Carl Sagan por haberme enseñado a soñar con el espacio.
Los Propósitos de Año Nuevo y el efecto “honda gravitacional” Antes de que a algunos…
Supongo que es una sensación a la que todos nos hemos enfrentado antes o después:…
EQUILIBRIO (IM)POSIBLE Correr, creo que ya lo he compartido con vosotros en ocasiones anteriores,…
Crónica (libre) del fin de semana del GTTAP 2023 Superar los cincuenta y que la…
El verano es una época en la que muchos corredores tienden a relajarse y reducir…
TRES AÑOS DE ESPERA Tres años y medio han transcurrido desde que me puse por…